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Ramón Frade LeónDe Enciclopedia Virtual DominicanaRamón Frade León (1875-1954) siempre batió un ojo agudo y excepcional sobre la arquitectura y lo edificado. Sus cuadros europeos enfocados en las ruinas romanas, y los que ilustran la ciudad colonial de Santo Domingo, muestran cuidados detalles y formas; reconocen el ensamblaje de lo construido. En sus bocas de teatro en Cuba y Santo Domingo (1896-1902), la decoración y el ornamento acentúan la teatralidad, la materialidad de esa transición entre el imaginario de lo actuado y los espectadores de carne y hueso. Luego de 1907, afincado en su Cayey natal, tuvo que hacer vida, con oficio de mayor utilidad práctica que la pintura. Ya Frade se había titulado geómetra (agrimensor) por correo de la Universidad de Sevilla2, y en estos años Cayey se transformaba en grande. El cambio de soberanía y el huracán de 1899 colapsaron la economía del café de los municipios de la montaña. La parte más oriental de la cordillera fue resembrada con tabaco, producto solicitado en el nuevo mercado norteamericano. Febrilmente, miles de hectáreas fueron cultivadas con la lustrosa hoja, a menudo bajo nuevos capitales de la recién estrenada metrópoli. Una gran demanda por viviendas, infraestructura, y edificios tabacaleros cambiaron la silueta y la vida de Caguas, Comerío y el mismo Cayey, entre otros. Es probable que, en pos de beneficiarse del auge en la construcción, Frade, entusiasmado, haya decidido tomar el curso de arquitectura por correspondencia de la American School of Correspondence de la ciudad de Chicago en Estados Unidos. La American School fue fundada en 1897 en Boston – centro del academicismo en EE.UU. y en 1902 se trasladó a la joven ciudad de Chicago, en camino a ser el eje comercial de toda la nación. Allí había una sed de imagen cívica que exigía capacitación rápida de arquitectos competentes de buen gusto y al día con la técnica moderna. En 1907 la escuela estrenó nueva sede y ese año editó su extenso compendio de lecciones y estudios: la Cyclopedia of Architecture, Carpentry and Building4. En ella se mezclaba lo práctico y lo imaginativo de manera ordenada y fácilmente transmisible, sazonado con algo de vanguardia - hasta Frank Lloyd Wright5 presentó obras. Frade solicitó admisión a la American School en 1909 y se diplomó el 26 de julio de 1913 – tres años nada fáciles, a juzgar por el hecho que protestó el método de sus profesores6. Ya desde 1912 se anunciaba como arquitecto, aún siendo estudiante, y hasta 1927 usó el atributo por costumbre. Establecida la junta examinadora ese año, revalidó y recibió su licencia número 626 - entregada el 26 de enero de 19287. Pero ya desde 1910 proponía proyectos en su Cayey amado. Hasta mediados de los veintes muchos diseños de proyectos cívicos salieron de Frade: una carnicería, el cementerio, una propuesta posible para una escuela de bellas artes... mucho de esto empleando el vocabulario neoclásico aprendido. Se destacó el nuevo cementerio municipal, al cual el arquitecto lo vistió de los misterios egipcios de Karnak y Luxor, como transición de lo terrenal a lo divino. El nuevo cementerio relevaría al cementerio existente - proyecto neoclásico austero, esbozado y ejecutado por el ingeniero Tulio Larrínaga en 1883. Alcanzado por el crecimiento urbano y agobiado por la escasez de fosas; su reemplazo iba a ser en terrenos a adquirirse a don Miguel Nogueras al noroeste del pueblo. La propuesta no se dio por falta de fondos y negativa del propietario a vender; finalmente el municipio amplió el cementerio existente en 1923. La propuesta de Frade esboza una necrópolis solemne, ordenada y simétrica: en cierto sentido lograr el ideal de cementerio renacentista, esbozado en la reglamentación urbanística española. Pero las formas egipcias asociadas a la imponencia del rito de paso a la eternidad serían el marco estético de este lugar de reposo. Como muchos arquitectos de los siglos xix y primera mitad del xx, la solemnidad e hieratismo de la obra egipcia sedujo a Frade a usar este lenguaje para la obra funeraria. La entrada recuerda a la sala hipóstila de Karnak mientras que los motivos del papiro y la flor de loto son reinterpretados en hierro para la verja perimetral. La escuela de Bellas Artes de 1912 fue un ejercicio en clasicismo, en cierto sentido derivado de estudios presentados en la Cyclopedia; la manipulación de los elementos un tanto insegura (por ejemplo la articulación de niveles y ventanas) pero dramáticamente rematada con conjuntos escultóricos sobre la cúpula y en el frontón. Al no haberse identificado lugar, otras vistas, ni planta para esta propuesta no se sabe si fue preludio de una obra no construida o un mero ejercicio para pulir destrezas. Pero Frade hizo realidad una obra urbana: el Ensanche Mendoza – extensión de la cuadrícula - adyacente al centro de Cayey, delineado en 1912 y que antes de una década más tarde cobraría forma, en gran parte con obras domésticas hechas por el mismo Frade. Aunque el ensanche proveía elementos cívicos - una plaza dedicada al patriota Hostos y un mercado orientado a los vecinos - éstos no llegaron a hacerse. En el periodo de 1910-1925 Frade hizo obras para comerciantes beneficiados por el auge del tabaco: hasta la "quincalla" de don José Domingo Aponte (1920) y la tienda de don Manuel Otero (1924) presentaban guirnaldas, festones y entablamentos, mientras que un proyecto para Luis Benet (1920) en el inmueble de la actual alcaldía lo hubiera vestido de gótico mediterráneo a la usanza de la Lonja de la Seda valenciana trayendo el romanticismo mediterráneo al bullicio rústico cayeyano. Entonces la artesanía en construcción era asequible, como lo demuestran los remanentes de la época, incluyendo el edificio de Aponte que existe, con cambios a su fachada. Frade aportó directamente a la pujanza tabacalera de Cayey como autor de dos edificios de almacén y despalillado: el complejo de Echevarría, casi frente a la actual escuela Benjamín Harrison, y el de Aragunde, un poquito más hacia el oeste - ambos del año 1920 y por desgracia desaparecidos hoy día. El despalillado de Echevarría, ingeniosamente, tenía un túnel vehicular interior que permitía carga y descarga del tabaco seco sin temor a la lluvia. El de Aragunde muestra un frontón cuidadosamente proporcionado – demuestra que la belleza no esta reñida con la utilidad. Y las instrucciones de ensamblaje de los edificios están claramente descritas. Frade conocía las necesidades de un programa complejo como el de un despalillado, y se sumergía en todo lo que implicaba levantar una estructura. Los planos detallados, primorosamente delineados en tinta calcando originales en lápiz (originales que en algunos casos eran el reciclaje de papeles con bocetos y estudios de sus cuadros) presentan rigor en la colocación de piezas estructurales y equipos tales como los ascensores. También en este periodo Frade demostró talento como delineador detallando elementos prosaicos tales como pozos sépticos (1912) con irónico primor. Muchos de los dibujos de detalles utilitarios de construcción imaginados por Frade - como los de la clínica Font de 1926 - muestran una cuidada calidad de línea que casi quieren saltar de sus soportes y cobrar forma y volumen. Frade también participó en el concurso convocado por la Unión Panamericana en 1927 para la proyección de un monumento a la memoria de Cristóbal Colón. Sometió por Puerto Rico el arquitecto Pedro de Castro Besosa, con una inmensa columna dórica rematada por una corona de cariátides alrededor de la alta linterna.10 Las dificultades causadas por el huracán de 1928 y la falta de tiempo y recursos no permitieron que Frade participara. Sin embargo subsisten sus bocetos iniciales, en los cuales mezcla formas orgánicas y góticas en una torre inusualmente vertical sobre la cual un orbe cargaría al Almirante proclamando la gesta de un nuevo mundo. La obra doméstica fue para Frade como para muchos otros arquitectos su principal taller y campo para la búsqueda formal. En la mayor parte, Frade ajustó sus creaciones al apretado lienzo del típico solar urbano de pueblo puertorriqueño incluyendo los del propio Ensanche Mendoza que configurara él mismo: estrecho frente, gran fondo, rectangular y edificando hacia la colindancia de la calle dejando libre las otras tres. Frade tuvo a su vista los modelos de Radford, arquitecto y editor estadounidense que publicó libros de planos de casas económicas orientadas clase media y trabajadores mejor renumerados11. Estos patrones presentaban viviendas casi todas en plantas cuadradas o rectangulares, solo a veces de configuración más compleja; de fácil replanteo y con ornamentación sencilla y sobria. Antes de recibir su licencia en 1928, Frade había diseñado viviendas y edificios mixtos en solares urbanos, como lo demuestra el de Gregorio Ramos de 1922, resaltado con palometas geométricas modeladas en el Arts and Crafts norteamericano. Tuvo oportunidades en solares más holgados, como con las residencias para Jaime Bosch en la calle Muñoz Rivera arriba (1927, desaparecida) y su casi gemela para los Echevarría (seguramente de los mismos años) cerca de la salida para Aibonito. Estas casas, la proyectada y la existente albergan una intimidad tradicional de pequeñas celdas espaciales, pero afuera arropada con un extenso balcón con columnas dóricas que fluye alrededor de tres caras de la vivienda - extenso ambulatorio que define la transición entre lo privado y lo exterior. Las líneas de la casa son horizontales revelando la influencia del bungalow norteamericano, pero “criollizada” para la idiosincrasia de sus clientes. Algunos críticos lamentan la falta de "fluidez espacial interior" de muchas obras de arquitectos puertorriqueños de la época12; pero la segmentación en espacios discretos era parte de la tradición de habitar, exigida por clientes intimidados por espacios más “interpenetrados”, no concebidos para las costumbres sociales de Puerto Rico. En los planos de la casa Bosch Frade explica muy bien sus componentes y método de ensamblaje, dominando la técnica tradicionalmente retenida por el maestro de obras. Resulta ser una gloriosa excepción. En las casas Bosch y Echevarría la forma de la vivienda surge de la función doméstica, condicionada a costumbres sociales y posibilidades materiales; desahogada gracias a la amplitud de sus terrenos. Las limitaciones de tamaño reducido, geometría difícil o topografía escarpada de muchos otros solares - o la imposición a priori de formas preconcebidas por el diseñador -, aquí no existen. En otra obra residencial urbana desde 1928 hasta 1951, el arquitecto se reconciliaba con los solares limitados. En algunos proyectos trató de acomodar la horizontalidad lineal de los estilos bungalow - como en el caso de las casas de Jaime Aponte y P. Quintana Mezzorana (1919) – y en otras, la mayoría, adoptó una forma sencilla, a tono con la estética urbana. Ejemplo es la aun existente casa de dos niveles con balcón de Juan Ramos - hecha un tanto distinta a los planos - en la calle Hostos del Ensanche Mendoza. En la ampliación para la casa Bibiana Torres de Blanco en el ensanche Mendoza (1934), su propuesta se ve tan sencilla que ésta se disuelve dentro de la forma de la casa original. En todo caso, Frade compone aceptando el vocabulario formal disponible: materiales disponibles en el mercado, forma de ensamblaje sin vuelos experimentales. Aquí Frade adoptó y adaptó esquemas vernáculos: plantas de uno, dos y si el ancho del solar permitía, tres espacios de ancho, los espacios comunes en fila desde el balcón hasta la pared trasera, flanqueando los dormitorios; y en algunos casos dormitorios arriba y espacios comunes abajo, otra vez separados de la calle por el omnipresente balcón galería, habitable y utilizable. También diseñó una casa económica prototipo para solares pequeños, casi de juguete por sus minúsculas dimensiones, pero pensada por su asequibilidad. Así canalizaba su preocupación social quien ya con lienzo y pincel documentó la miseria de los campesinos que pululaban en los bellos campos de su pueblo de altura. La preocupación social del artista se desbordaba de la explicitez de sus cuadros realistas al realismo de una arquitectura práctica. Frade probó con varios tipos de comercios. Proyectó una panadería rural para Serafín García (1919) en las lomas de Quebrada Arriba prefigurando esta adhesión al vernáculo; dibujo corrales, mensuró fincas rurales, e inclusive diseñó una gallera para don Ángel Lago (alrededor de 1935) en la salida a Salinas, hoy perdida. Su perfecta simetría circular disimula las acendradas pasiones de galleros y jugadores que entre gritos y agitación buscaban que su ave espoleara en sangre a su adversaria. Ningún problema de diseño era para el arquitecto Ramón Frade ni insignificante ni trivial; su misión fue mejorar el entorno de la cotidianidad. La obra doméstica y comercial de Frade desde alrededor de 1930 hasta su último encargo - la casa de hormigón de don Clotilde Rivera, aun en pie y ubicada en la calle Nicolás Jiménez (1951) fue la estética de lo posible, la dotación a vecinos de la comunidad de un hábitat familiar pero estudiado y proporcionado. La forma era más frecuentemente convencional, persiguiendo un producto útil con atractivo pero sin sorpresas ni egos. Muere en La Habana el 7 de noviembre de 1953. |