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Ceráreo GuillermoDe Enciclopedia Virtual DominicanaHijo del célebre general Pedro Guillermo y de la señora Rosalía Bastardo. Tan arrojado y valiente, tan ambicioso y violento como su propio padre, Cesáreo se inició muy joven en la carrera de las armas y con menos de diecisiete años ya era soldado de la Guardia civica en su pueblo. Su nacimiento tuvo lugar en La Rodada, comunidad rural de Hato Mayor, el 8 de marzo de 1847. Durante la Guerra de Restauración, se adhirió al movimiento insurreccional que el día 2 de octubre de 1863, intentó sin éxito la toma de Hato Mayor. No pudo retirarse a combatir al lado de su papá, en las estribaciones de Yerba Buena, porque fue arrestado y mandado al destierro en Ceuta, posesión colonial española y campo de martirio situado en territorio marroquí, en el norte de África. De allá fue traído para el canje de prisioneros que tuvo lugar en Puerto Plata, última plaza del país donde se proclamó la anexión, y último pedazo del territorio nacional hollado por los invasores. No se separó de las luchas políticas y armadas. Fue dos veces diputado al Congreso Nacional, por El Seibo, en 1865 y 1874, respectivamente. Se desempeñó como Secretario de Interior y Policía en 1878 y su tenacidad en la búsqueda del poder lo llevó dos veces a la presidencia de la República, del 5 de marzo al 8 de julio de 1878 y del 30 de septiembre de ese mismo año al 6 de iciembre del siguiente. Siguió luchando por la reconquista del poder y después de fallar en un intento insurreccional contra el gobierno del liberal Francisco Gregorio Billini, en medio de la intensa persecución a que estaba sometido por tropas dirigidas por Lilís, al saberse derrotado, poco menos que solo, hambriento y acosado, a punto de ser capturado por una patrulla de veinte soldados que lo tenía cercado y lo instaba a la rendición, prefirió el suicidio antes que verse en manos de sus perseguidores. Ocurrió su muerte en un campo de Azua el día 8 de noviembre de 1885. Lilís, jefe de la fuerza armada, viajó personalmente a [[Azua]; no quería tener dudas sobre la muerte del feroz general Guillermo, para comprobarlo con sus propios ojos, hizo desenterrar el cuerpo del caído y no le costó mayor esfuerzo convencerse de que aquel cadáver con las ropas desgarradas y los pies envueltos en las mangas de la camisa, era el de su enconado y radical enemigo. |